Bolsas de plástico biodegradables

Se calcula que hay 165 millones de toneladas de basura plástica en los mares y océanos. En nuestra memoria quedan grabadas imágenes como peces enredados en las argollas en las que se transportan las latas de bebida. El plástico es un peligro para la vida en el planeta. Fabricantes de bolsas de plástico se esfuerzan por encontrar una solución, menos nociva y biodegradable.

Se calcula que hay 165 millones de toneladas de basura plástica en los mares y océanos. En nuestra memoria quedan grabadas imágenes como peces enredados en las argollas en las que se transportan las latas de bebida. El plástico es un peligro para la vida en el planeta. Fabricantes de bolsas de plástico se esfuerzan por encontrar una solución, menos nociva y biodegradable.

Hace unos años se hizo viral una foto de lo que parecía un iceberg flotando en el océano, en realidad era la fotografía de una bolsa de plástico blanca medio sumergida en la superficie de un mar en calma, no había que esforzarse mucho para encontrarla. Greenpeace denuncia que cada año llegan al mar el equivalente a 1200 veces el peso de la Torre Eiffel en basura. Las corrientes marinas la dispersan. Los residuos aparecen en las playas, sobre las rocas, flotando en el oleaje, en el fondo marino, en zonas habitadas y en islas desiertas. El residuo más presente es el plástico. Una botella de plástico tarda en descomponerse 5000 años.

Los microplásticos son fragmentos inferiores a los 5 milímetros que se producen por roturas o se fabrican de forma industrial para la elaboración de pastas dentífricas, productos de limpieza, detergentes, telas de poliéster, etc. Dos millones y medio de estas diminutas esferas llegan al mar cada año a través del desagüe. Varios estudios han corroborado que la fauna marina los ingiere accidentalmente, produciéndoles bloqueos en su aparato digestivo y cambios en sus patrones de alimentación y reproducción. Los microplásticos están presentes en el organismo de los peces que pescamos, llegan a nuestra mesa y terminan en nuestro estómago.

En 1994 se realizó un estudio sobre el impacto medioambiental del plástico en el Mediterráneo. Buques científicos sondearon el lecho marino de los litorales de Italia, Francia y España, empleando redes de arrastre. Se reportaron 1935 unidades de deshechos por kilómetro cuadrado. Un 77% era plástico, y de ellos un 93% bolsas. En el 2004, fruto de otro estudio, se estimó que las gaviotas del mar del Norte tenían un promedio de 30 trozos de plástico en su estómago.

Los residuos plásticos también causan daños en tierra firme. Los plásticos clorados van liberando sustancias químicas que se filtran al agua subterránea, contaminando el ambiente y envenenando a los seres vivos que la toman. El plástico en su degradación va liberando gas metano. Durante los miles de años que tarde en descomponerse, el plástico va dejando su huella en la naturaleza. Cada año se fabrican 380 millones de toneladas de plástico y un 50% termina en vertederos.

El plástico es un derivado del petróleo. En las refinerías, el crudo se descompone en diferentes materiales, uno de ellos es el NAFTA. Tras un proceso químico se convierte en polímeros, un polvo que con el empleo de aditivos y calor se le dará la forma y el grosor deseado según su finalidad. La fabricación de plástico a partir de petróleo es sencilla y económica, razón por la cual se ha producido en grandes cantidades a partir de la segunda mitad del siglo XX. El poli eteno, un tipo de plástico con el que se fabrican las bolsas, las botellas, los recipientes de transporte y las películas de plástico, se emplea en más de un 40% para embalajes de un solo uso.

Plástico reciclado.

Para reducir el impacto medioambiental y la fabricación de plástico a partir de petróleo se realiza el reciclado. En España solo se recicla un 30% del plástico que se utiliza, una cantidad insuficiente para cubrir la demanda.

El proceso para producir plástico reciclado sigue unas regla generales, tal y como se detalla en la web BBVA, que indica que todas sus tarjetas bancarias provienen del reciclaje. En primer lugar, está la recogida de material usado. Para esa labor es imprescindible la colaboración ciudadana, depositando los residuos plásticos en su contenedor correspondiente. La empresa de tratamiento de residuos lleva el contenido de los contenedores a una planta de procesamiento, donde separan los plásticos por texturas y colores y se compacta en balas para ser transportados a una fábrica. En la fábrica se lavan concienzudamente, eliminando etiquetas, metales y roscas, que seguirán un proceso diferente. Se tritura el producto y después se calienta para formar una especie de resina que terminará cortada en pequeñas perlas. Esas esferas es la materia prima para fabricar nuevos productos.

Las botellas de plástico de agua se pueden reciclar de manera indefinida, manteniendo las mismas propiedades que si fueran de primera fabricación. Se lleva un proceso minucioso de limpieza y separado de materiales. Las nuevas botellas contendrán líquido para consumo humano, por lo que no debe haber ningún elemento extraño, ni contaminante. Todos los plásticos no sirven para fabricar botellas de bebidas, habrá que separarlos previamente y destinar los que no son útiles, para emplearlos en la fabricación de envases de productos de limpieza o químicos. Las balas con las botellas compactadas pasan por una cámara de aire a presión, que separa los materiales según su peso, eliminando residuos metálicos u otros más pesados que hubiera en la botella. Se pasa por varios procesos de limpieza y secado, el plástico nuevo debe estar completamente limpio y desinfectado, una de las tareas que más cuesta es eliminar por completo las etiquetas y los residuos de cola de los envases, esto se consigue progresivamente a lo largo del proceso. Una vez limpio, el plástico se trocea formando escamas. Las escamas se calientan para formar una resina pastosa y se tritura en perlas de PET, es decir, polietileno procedente de reciclaje.

Para la fabricación de bolsas recicladas, en EEUU, algunos fabricantes, tienen instalados contenedores en la puerta de los centros comerciales para que la gente deposite en ellos las bolsas de plástico que no usa. Son contenedores similares a los que podemos encontrar para tirar las pilas usadas. A través de una selección manual y mecánica se separan objetos que hubiera entre las bolsas. Se lavan y se cortan en tiras pequeñas. Estas tiras se vuelven a calentar y combinar con otros productos químicos para formar una resina, el resultado final serán las perlas de PET, con una densidad inferior a las de las botellas de plástico. Por la pérdida de consistencia para la fabricación de nuevas bolsas, se mezcla el polietileno reciclado con plástico nuevo, en una composición de un 50 o un 70% de material reciclado.

Bolsas biodegradables.

El reciclaje está, hoy por hoy, muy lejos de resolver los problemas que ocasionan los residuos plásticos. En los últimos años, los gobiernos europeos han tomado medidas destinadas a reducir el uso de bolsas de plástico entre la población. Su éxito es limitado. La gente usaba el plástico durante las últimas décadas del siglo XX por comodidad. Es un recipiente plegable, que ocupa muy poco espacio y soporta 2000 veces su peso. Aunque hay una mayor conciencia ecológica, la población no va a renunciar al confort, ni adoptar hábitos de hace 60 años. Tampoco es una buena política culpabilizar a la gente.

Muchos comercios sustituyeron las bolsas de plástico por bolsas de papel. El papel soporta menos peso que el plástico y se rompe fácilmente con el agua y la humedad. Los consumidores no han terminado de adaptarse a este cambio, algunos lo ven como un mal necesario. En las tiendas se empezaron a cobrar las bolsas de plástico para disuadir a los clientes sobre su uso. En los hechos, a las personas no les importa pagar unos céntimos si con eso pueden transportar su compra. Aunque vengan provistos con carros de la compra o bolsas de su casa, es frecuente que necesiten alguna bolsa extra para trasportar algunos productos. Algunos fabricantes tradicionales de bolsas están invirtiendo en investigación para producir sus bolsas con otros materiales, más naturales y biodegradables.

Hoy en día se fabrican bolsas con materias vegetales como la fécula de patata o de maíz. Esta fábrica de bolsas, Biolásticos Alhambra, nos comentan que estas bolsas tienen las mismas prestaciones que las tradicionales bolsas de plástico, con la ventaja de que no contaminan el medio ambiente. El NAFTA, un derivado del petróleo, se puede sustituir por recursos naturales que tienen las mismas características y que, por tanto, se puede fabricar con ellos los mismos productos.

Las bolsas biodegradables tienen la ventaja que se descomponen en la naturaleza sin contaminarla. Estas bolsas, una vez utilizadas, se emplean para fabricar abonos para las plantas. En algunos países se utilizan en centrales energéticas para producir gas metano, la llamada energía biomasa. En ambientes naturales se degradan por completo en 6 meses, con el efecto que produce cualquier residuo orgánico. La fécula de maíz o de patata proviene de separar el almidón del resto del alimento. Algo que ya se venía haciendo en algunas ramas de la industria alimentaria.

El daño que está produciendo en el medio ambiente la generación de residuos plásticos, y que indirectamente afecta a nuestra salud, obliga a buscar soluciones. Sustituir el plástico por productos naturales, pero sin renunciar a la comodidad. El campo abierto por alternativas como las bolsas biodegradables forma parte del camino a seguir para cuidar el planeta.

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