Así es, yo fui una de las 40.000 personas a las que estafó iDental… Y no, no fui ningún tonto. Nadie de los que acabamos ahí lo éramos. Simplemente confiamos. Nos pusieron muchas facilidades económicas, tratamientos rápidos. Tenías cita en cuestión de dos días, incluso al día siguiente. Y caí, como muchas personas…
Y lo peor no fue solo aquello… Lo peor es que, después de salir de esa pesadilla, otra clínica me volvió a fallar. Ya, después de eso, algo en mi se rompió… Me sentí muy impotente, casi abandonado. Estaban jugando con mi salud y mi vida. Y tuve miedo.
Por eso decidí sentarme con un abogado y con una clínica que tiene ahora mi completa confianza. Para que, si alguien está a tiempo de evitarse una negligencia, lo haga.
iDental y sus más de 40000 victimas
Hubo una cadena de clínicas que se hizo con gran parte del mercado en nuestro país, hace unos años. Parecía ofrecer servicios a los que ya teníamos difícil acceder a ellos, como hacen ahora los partidos políticos para ganar votantes. Se iban a los que no tenían suficiente dinero, a los que necesitaban algo rápido o urgente y estaban esperando, a los que no les encontraban la solución a sus problemas en otras clínicas, y les prometían el oro y el moro. Eso hizo que miles la eligieran.
Y así fue como miles, salieron de esas clínicas con la boca peor de lo que entraron. Pero no tonterías… Hablo de gente que perdió toda su dentadura, de implantes que se quedaban a medias, de coronas rotas, de dientes sanos arrancados para siempre. Personas que pasaron de tener sensibilidad dental a quedarse con tratamientos incompletos, dolores constantes y, en muchos casos, secuelas irreversibles.
Recuerdo perfectamente cuando empezaron a salir testimonios de gente a la que, después de tratarse allí, le recomendaron hacerse pruebas de enfermedades como hepatitis o VIH. Aquello fue una desgracia… un atentado a las personas…
Era normal que muchos acabáramos así. No esterilizaban las herramientas ni las cambiaban, aplicaban los tratamientos que a ellos les conviniera para ganar más dinero, una falta total de protocolos… Y todo lo centraban en ganar más y más dinero.
Cualquiera podía caer
Una de las peores cosas es que, por esas sillas de dentista, pasaron todo tipo de personas. No era gente inculta ni inocente. Había de todo: trabajadores, jubilados, policías, abogados, familias enteras… gente que confiaba en que la clínica les curaría sus problemas.
Muchísimos no terminaron sus tratamientos. Otros sufrieron lesiones graves. Y sí, también hubo casos de contagios de enfermedades como hepatitis B o C.
Ninguno nos lo esperamos. A ver, siempre vas con miedo al dentista, pero confías en que ellos saben cosas que tu no. Había cosas raras, después, cuando todos examinamos la experiencia. Pero, en el momento, ninguno pensábamos que podíamos estar siendo estafados.
Cómo funcionaba realmente el modelo de iDental
Con el tiempo, y gracias a peritos, abogados y testimonios, se fue entendiendo mejor lo que había detrás.
Para empezar, muchas veces la primera persona que te atendía no era un dentista. Era un comercial. Alguien cuyo objetivo no era evaluar tu salud, sino cerrar un tratamiento. Y eso ya debería ser una señal de alerta enorme. Te viene la típica chica joven y simpática, que te hace rellenar una ficha, te hacen una placa y se la llevan y te proponen un presupuesto con los tratamientos. Ahí es cuando te dan la posibilidad de una financiación e, incluso, ofertas por tiempo limitado, que te hacen “el favor” de darte unos días para que te lo pienses y te los siguen aplicando. (Modelos que tienen muchas de las cadenas dentales hoy en día y que deberían echarnos para atrás).
Luego venía la parte técnica. Para abaratar costes, contrataban a profesionales recién titulados, con poca o ninguna experiencia, mal pagados o de prácticas, sometidos a un ritmo de trabajo brutal. Estos chicos hacían lo que podían, pensando que se quedarían contratados. Pero la clínica no los volvía a contratar. Solo quería gastar en mínimo dinero posible.
Si a eso le sumamos, la ausencia de pruebas para diagnósticos correctos, maquinaria básica y que evitaban el cambio de herramientas…
Ya te puedes imaginar el resultado.
La técnica rápida que más bocas destrozó
Su solución milagro, la más famosa. La llamaban “Fast & Perfect”. Eso te llama la atención automáticamente. Rápido y perfecto… ¿Quién no quiere algo así cuando va al dentista?
El gran problema era que, en muchos casos, consistía en extraer todas las piezas dentales —incluidas las sanas— para colocar una prótesis completa con muy pocos puntos de fijación. Que miedo, ¿no?
Es decir, en lugar de conservar lo que estaba bien y reparar lo necesario, optaban por una solución radical que simplificaba el proceso… para ellos.
Muchos pacientes aceptaron sin entender realmente las consecuencias. Porque se lo vendieron todo muy bien. Y, por falta de información, cayeron.
Los materiales son muy importantes
Otra de las claves del desastre fue el uso de materiales de mala calidad. Cuando entrabas en la consulta te hablaban de soluciones mucho más modernas que otras clínicas y tecnologías superiores. Era todo lo contrario, pero ellos sabían vendértelo para que acabaras pensando que iDental se estaba haciendo tan popular porque era mejor que otras clínicas.
El resultado fue el que todos sufrimos… las prótesis se rompían, los implantes causaban rechazo, los tratamientos se quedaban a medias, con lo que eso conlleva. Las personas acababan teniendo que volver una y otra vez a la clínica, con dolor y secuelas, para que les pusieran solución. Pero casi nunca lo conseguían, solo empeoraban la situación.
Negligencias médicas
Cuando hablamos de 40000 afectados, lo decimos por algo. No hablamos de los clientes que pasaron por la clínica, sino de miles de personas sufriendo consecuencias. Infecciones, enfermedades, dolores, secuelas crónicas…
Aunque muchos de los que aplicaron estas cosas fueran dentistas contratados por iDental, seguían normas de la empresa, trabajaban con el material que les proporcionaban, y estaban muy mal pagados.
Sí, culpables de no marcharse de allí al saber que aquello podía estar poniendo en riesgo la salud de las personas… Pero, ¿Cuántas personas hacen eso y pierden un trabajo?
El gran engaño
Uno de los puntos más graves, desde el punto de vista legal, fue la ausencia de consentimiento informado.
La mayoría de los pacientes no firmaron documentos donde se explicaran los riesgos reales de los tratamientos. No se les informó de alternativas, ni de posibles complicaciones, ni de la calidad de los materiales. Y eso es un derecho fundamental que tienes como paciente.
El abogado me insistió en esto. Si una clínica no te proporciona este papel, coge tus cosas y lárgate de allí.
Qué hacer si ya has pasado por algo así
Sé que lo primero que muchos sentimos es tristeza y rabia, pero hay que saber cómo moverse. Muchos de nosotros pensábamos que la ley nos ampararía rápido, que todo se solucionaría pronto… pero no fue así. Nos pilló de sorpresa a tantos que muchos aún siguen sufriendo consecuencias económicas y físicas.
Lo primero que debes hacer es reunir toda la documentación posible: contratos, facturas, informes, presupuestos, mensajes… todo cuenta.
Después, intentar una reclamación directa con la clínica. Aunque muchas veces no sirva, es un paso necesario que debes hacer para mejorar tu situación y la de otros posibles afectados. Nunca te aguantes o te quedes callado.
Puede ser caro, puede que no te lo puedas permitir, pero tienes que intentar buscarte a un abogado especializado. Aquí no vale cualquiera. Necesitas alguien que entienda este tipo de casos.
Si no hay respuesta, existen otras vías como los colegios profesionales o las asociaciones de defensa del paciente. Lo importante es no dejarlo pasar. Actúa y no te achantes. Quien no llora no mama.
Qué se considera realmente negligencia dental
Esto es lo primero que tienes que tener claro, porque hay mucha confusión. No todo resultado malo es culpa del dentista. Y esto, aunque os moleste escucharlo, es así.
Hay tratamientos que pueden fallar. Hay cuerpos que reaccionan mal a algo. Hay complicaciones que pueden surgir incluso haciéndolo todo bien. Eso no es negligencia. La negligencia pasa cuando alguien no hace su trabajo como debería.
Una negligencia, por ejemplo, es que te hagan un tratamiento sin haberte diagnosticado correctamente. Imagínate que tienes una infección y en lugar de tratarla, te colocan un implante encima. Eso no es que tu cuerpo reaccionó por algo fortuito, eso es un error fatal.
También es si te hacen un tratamiento mal hecho. Un implante mal colocado, una extracción hecha a lo bruto, una prótesis que no te encaja y te provoca heridas constantes… Eso ya no es “no ha salido como esperábamos”, eso es que se ha hecho mal.
Luego hay errores en cirugías e incluso en la anestesia. Cosas que pueden dejar secuelas bastante serias.
Otra cosa es que te pongan materiales de baja calidad, o no adecuados para ti, y eso termine generando problemas… también puede ser negligencia.
En conclusión, que, si el daño que has sufrido se podría haber evitado actuando con cuidado, con conocimiento y siguiendo los protocolos normales… entonces estamos hablando de negligencia.
Tus derechos como paciente
Ojalá hubiera entendido esto mejor antes.
Cuando te sientas en una clínica dental, no eres una persona que no sabe nada y tienes que hacer caso a los dentistas, como se lo hacen los niños a sus padres. Aunque lo parezca. Aunque tengas miedo. Aunque no entiendas nada de lo que te dicen.
Tú tienes derechos. Y no son opcionales.
Lo primero que tienes es derecho a información. Tienen que explicarte qué te pasa, qué tratamiento te proponen, por qué, qué alternativas hay y qué riesgos existen. Y de forma que lo entiendas de verdad.
Si no entiendes algo, es su responsabilidad explicártelo mejor.
Luego está el consentimiento informado. Que tienes que leerlo y entenderlo. Porque una vez que das el sí, estás autorizando a que te hagan lo que ahí pone.
También tienes derecho a decir que no. A pedir una segunda opinión en otra clínica. A tomarte tu tiempo para decidir. Nadie debería presionarte para decidir en el momento, por una oferta o porque es algo urgente para tu salud, y menos cuando se trata de algo serio.
Otro derecho básico es recibir un tratamiento de buena calidad. No el más barato, no el más rápido… el adecuado a ti, y que esté bien hecho.
Y, por último, el derecho a reclamar. Si algo no va bien, no tienes que callarte ni asumirlo. Puedes y debes exigir explicaciones. No hay que confiar… Eres un cliente y estás pagando por un servicio. Estás poniendo tu salud en manos de gente, que, algunas veces, solo piensan en el dinero. Tienes que tener cuidado.
Cómo demostrar que algo salió mal
Aquí es donde muchos nos bloqueamos, porque pensamos que es imposible enfrentarse a una clínica. Y es verdad que no es fácil, pero es completamente necesario.
Lo primero que necesitas es documentación. Todo lo que tengas: presupuestos, facturas, radiografías, informes, correos, mensajes… cualquier cosa que demuestre qué te hicieron y cómo evolucionó. Cuanto más completo sea tu historial, mejor.
Después viene algo muy importante: tienes que pedir la opinión de otro profesional. Un dentista que revise tu caso desde fuera. Ese informe es muchas veces lo que más te puede ayudar en un tribunal, porque puede señalar claramente hubo errores y negligencia.
También ayudan los testimonios de otros pacientes. Si hay más víctimas con problemas parecidos en la misma clínica, tienes las de ganar.
Búscate un buen abogado. Alguien que haya llevado este tipo de casos. Ellos se encargan de traducir lo médico a lenguaje legal. De demostrar que no se actuó como se debía. Y de pelear para que eso tenga las consecuencias que tiene que tener.
Y cuando consigas ganar, ten por seguro que va a acabar teniendo que indemnizarte. Lo que te va a ayudar mucho a arreglar las consecuencias que hayan dejado en tu salud. Y tú vas a quedarte con una mejor sensación y vas a aprender a que no te vuelvan a hacer lo mismo.
Documentos que tienes derecho a pedir
Un dentista en Alcorcón de la clínica CKA Grupo dental, me habló con total transparencia de esto, entendiendo lo que me había pasado.
Les pregunté algo muy claro: “¿Cómo sé yo, como paciente, que puedo confiar en vosotros o en cualquier otra clínica?”
Y me explicaron que tengo derecho a pedir una documentación antes de empezar cualquier tratamiento. Titulación del profesional, colegiación, información detallada del procedimiento, materiales que se van a usar… todo.
También me dijeron esto: una clínica que no tiene problema en enseñarte todo eso, suele ser una clínica que no tiene nada que ocultar. Si se niegan, algo están ocultando. Cualquiera comprendería que uno quiere asegurarse de que está en manos de profesionales.
Una cosa que tienes que tener muy en cuenta, es elegir una clínica con años de experiencia, conocida en su zona y con buena reputación. No una que aparezca y desaparezca de la nada.
Esto no se lo deseo a nadie
Una experiencia como esta te marca para mal. Ya no confías en nadie, te sientes tonto, desamparado, agredido… Por favor, que no os de vergüenza preguntar, insistir.
Cuando entréis en el dentista, comportaos como adultos y clientes, no como niños asustados y educados. Tu salud es muy importante y, cuando hay dinero en juego, muchos se la pasan por el forro.



