Se calcula que más de un 6% de la población española padece algún tipo de fobia. Un miedo irracional que provoca reacciones incontroladas y que puede limitar nuestra vida. En los últimos años, ha aumentado la conciencia sobre la importancia de estos trastornos y, por consiguiente, las consultas clínicas para tratarlas. Estas son las fobias más habituales en nuestro país.
Las fobias se encuentran dentro de la categoría de los trastornos de ansiedad. Una enfermedad que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta a más de 260 millones de personas en todo el mundo y que no entiende de razas, sexos, localización geográfica, nivel económico, ni cultura.
Las fobias, a grandes rasgos, pueden ser de dos tipos. De prevalencia general, en las que se trata de miedos arraigados, que cuando aparece la causa que los suscita nos provocan ansiedad, como puede ser el miedo a volar; que irrumpe cuando nos vamos a subir a un avión; o de prevalencia grave, que se vuelven obsesivas y llegan a limitarnos en nuestra vida habitual, como la fobia social.
Tratar el asunto de las fobias es complejo y existen diferentes opiniones al respecto. Los psicólogos de Canvis, por ejemplo, un centro de psicología multidisciplinar de Barcelona, que abordan una gran variedad de problemas de índole psicológica y mental, desde trastornos del sueño, hasta trastornos de la personalidad o dificultades psicológicas en el proceso de aprendizaje de los niños, no son partidarios del uso de fármacos para tratar las fobias. Los antidepresivos, según ellos, lo que hacen es enmascarar el trastorno y no abordar las causas. Ellos son más partidarios de tratar el problema por medio de terapias.
Aun así, con este método, tampoco es fácil erradicarlas. Con frecuencia son miedos arraigados en nuestro subconsciente.
Lo vemos a continuación. Estas son las fobias más extendidas en España.
Miedo a las alturas.
Según el periódico El Confidencial aproximadamente un 3,5% de la población española sufre acrofobia; es decir, miedo a las alturas. Se suele manifestar a través de vértigo o nerviosismo cuando nos encontramos en un lugar elevado. El doctor Antonio Cano, presidente de la Asociación Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, dice que esta fobia se manifiesta especialmente cuando nos asomamos a un balcón y sentimos que la barandilla es demasiado baja o cuando estamos en un mirador elevado y ni tan siquiera hay barandilla.
El término acrofobia fue utilizado por primera vez por el psiquiatra italiano Andrea Verga a finales del siglo XIX, cuando describió sus propios síntomas ante este tipo de temor. La palabra procede del griego: “akros”, que significa alto, y “phobos”, que significa miedo. Se trata de una de las fobias específicas más conocidas, es decir, un miedo muy concreto que aparece ante una situación determinada.
Algunos especialistas, como el psiquiatra V. E. Von Gebsattel, también incluyen la acrofobia dentro de las llamadas fobias espaciales, que son aquellas relacionadas con la percepción del espacio. En este grupo también se encuentran otros miedos conocidos, como la claustrofobia o la agorafobia.
En cuanto a su frecuencia, la acrofobia es bastante común. Se estima que puede afectar a entre un 3 % y un 6 % de la población a lo largo de la vida, siendo algo más habitual en mujeres. Además, existe un fenómeno más amplio llamado intolerancia a las alturas, que incluye distintos niveles de malestar y puede llegar a afectar a un porcentaje mayor de personas, incluso desde la infancia.
Este miedo puede influir en la vida diaria de quien lo padece. Las personas con acrofobia pueden sentir ansiedad al asomarse a un balcón, subir a una azotea o conducir por carreteras elevadas. En algunos casos, el malestar es tan intenso que lleva a evitar estas situaciones. Aunque es normal sentir cierto respeto ante las alturas, se habla de acrofobia cuando el miedo es excesivo y limita actividades cotidianas.
Aracnofobia.
Según el periódico La Nueva España, la aracnofobia, miedo a las arañas, afecta a un 3% de la población. Se trata de una de las fobias a animales más extendida que existen.
El psiquiatra Julio Bobes, que participó en el XXIII Curso de actualización de la psiquiatría, celebrado el año pasado en Vitoria, explica que una fobia es un miedo persistente, excesivo e irracional hacia un objeto o una situación concreta. En su opinión, este temor no se limita a una reacción puntual, sino que provoca una necesidad intensa de evitar aquello que lo desencadena, lo que puede acabar afectando a la vida cotidiana. Un ejemplo claro es la aracnofobia.
Dentro de las fobias específicas, la aracnofobia es una de las más frecuentes. Se caracteriza por una respuesta de ansiedad intensa ante la presencia de una araña, incluso cuando no existe un peligro real. Según señala Bobes, la persona puede experimentar nerviosismo extremo, sensación de amenaza o incluso pánico, aunque el animal sea inofensivo. En muchos casos, el miedo no solo aparece al ver una araña, sino también al imaginarla o al pensar que podría estar cerca.
Este tipo de fobia puede influir en la rutina diaria más de lo que parece. Quien la padece tiende a evitar lugares donde cree que puede encontrarse con arañas, como trasteros, garajes, jardines o espacios poco iluminados. Incluso actividades sencillas, como limpiar o abrir una caja guardada durante tiempo, pueden generar una gran incomodidad. Según la opinión de Julio Bobes, esta evitación constante es lo que convierte el miedo en un problema real, ya que limita la autonomía de la persona.
Este comportamiento de alerta hace que la persona esté siempre pendiente del entorno, buscando posibles riesgos. Esto puede generar un estado de tensión continuo. Como ocurre con otras fobias, no se trata de un simple disgusto o rechazo, sino de una reacción desproporcionada que escapa al control racional. Por eso, Bobes insiste en que la aracnofobia debe entenderse como un trastorno que puede condicionar la vida diaria si no se aborda adecuadamente.
Miedo a volar.
Algunos estudios señalan que el 14% de la población se siente incómoda cuando se sube a un avión. Una parte de ellos, tienen auténtico pavor a volar. Es la aerofobia.
Aunque las estadísticas demuestran que el avión es uno de los medios de transporte más seguros, con una probabilidad muy baja de accidente, esto no siempre es suficiente para tranquilizar a quienes sienten miedo a volar. La aerofobia es más común de lo que parece: se calcula que una gran parte de la población experimenta cierto temor al subir a un avión, y un porcentaje menor desarrolla una fobia más intensa que puede llegar a condicionar su vida.
Este miedo no entiende de edad ni de género, aunque suele aparecer con mayor frecuencia en personas que viajan a menudo por trabajo. El estrés acumulado y la presión de tener que volar con regularidad pueden aumentar la ansiedad y hacer que el problema se intensifique con el tiempo. En estos casos, el viaje deja de ser una rutina y se convierte en una experiencia difícil de afrontar.
La aerofobia se define como un miedo intenso e irracional a volar. Quien la padece puede sentir ansiedad incluso antes de llegar al aeropuerto, solo con pensar en el viaje. En situaciones más marcadas, este malestar puede derivar en síntomas físicos como nerviosismo extremo, sensación de ahogo o incluso ataques de pánico. Aunque algunas personas consiguen subir al avión, lo hacen con un alto nivel de tensión.
Las causas de este miedo son variadas. Algunas personas se sienten inseguras por la altura a la que vuela el avión o por la posibilidad de sufrir un accidente. Otras experimentan inquietud al volar de noche o sobre el mar, al no tener referencias visuales claras. También influye el desconocimiento sobre cómo funciona un avión, la sensación de falta de control o el espacio reducido de la cabina. Las turbulencias, por ejemplo, suelen generar una gran inquietud, aunque formen parte normal del vuelo.
En muchos casos no existe una causa clara. Algunas investigaciones han señalado diferencias en la forma en que hombres y mujeres perciben este miedo, pero en general se trata de una respuesta emocional compleja que no siempre tiene una explicación concreta.
Claustrofobia.
La claustrofobia es otra de las fobias más comunes. Se activa en ascensores, túneles o espacios reducidos y puede generar sensación de asfixia y pánico.
La claustrofobia es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por un miedo intenso e irracional a los espacios cerrados. En muchos casos, su origen está relacionado con una experiencia negativa previa, como haber quedado atrapado en un ascensor o en una habitación sin salida inmediata. Presenciar una situación similar en otra persona puede ser suficiente para desencadenar este tipo de miedo. Aunque el entorno no represente un peligro real, la persona lo percibe como una amenaza, lo que provoca una reacción de angustia difícil de controlar.
Quienes padecen claustrofobia, según la revista Healthline, suelen sentir una gran incomodidad en lugares donde perciben que no pueden salir con facilidad. Espacios como ascensores, túneles, transporte público o cabinas médicas pueden generar una sensación de encierro que se acompaña de pensamientos negativos, como la falta de aire o la imposibilidad de escapar. Esta reacción puede aparecer de forma repentina y venir acompañada de síntomas físicos como sudoración, aceleración del pulso cardiaco o sensación de ahogo.
Si no se trata adecuadamente, la claustrofobia puede afectar de forma significativa a la vida diaria. Muchas personas empiezan a evitar determinadas situaciones para no enfrentarse a ese malestar, lo que limita su autonomía y condiciona su vida. Este comportamiento de evitación puede derivar en aislamiento social, ya que se reducen las actividades fuera del entorno considerado como seguro.
También puede tener consecuencias en el ámbito laboral o académico, especialmente si el trabajo o los estudios se desarrollan en espacios cerrados o poco amplios. La claustrofobia puede dificultar la realización de pruebas médicas importantes, como resonancias magnéticas o escáneres, que requieren permanecer en espacios reducidos durante un tiempo determinado.
No se trata solo de un miedo puntual, sino de un problema que puede influir en el bienestar general. Por eso, es importante entender la claustrofobia como un trastorno tratable que, con la ayuda adecuada, puede mejorar notablemente la calidad de vida de quien lo padece.
Fobia social.
Un 13% de la población sufre en algún momento de su vida algún tipo de fobia social. Según el periódico El País, en un 2,6% de la población, este trastorno puede interferir en la vida diaria. Temores como el de hablar en público, asistir a lugares concurridos o evitar reuniones con gente desconocida pueden condicionar en gran medida la forma en la que nos relacionamos con los demás y cómo enfocamos aspectos tan importantes como nuestra carrera profesional.
Aunque existen diferentes tipos de fobia social como la enoclofobia (miedo a las multitudes) o la glasofobia (miedo a hablar en público), la mayoría de estas fobias descansan en un miedo desproporcionado a ser juzgados en público.
Se llega a convertir en algo enfermizo, obsesivo. La persona que lo padece siente que es el objeto de las miradas y fuente de los chismes que circulan a su alrededor. La mayoría de las veces son irreales y no tienen una base fundada.
Generalizan en todo el mundo un comentario que han podido escuchar de la boca de una persona, en un momento concreto, o vuelcan en sus temores sus propios prejuicios y frustraciones. La persona se siente excluida del grupo, de la sociedad, por su aspecto, por su estado de salud, por su forma de pensar; y evita relacionarse con la gente por temor a ser rechazada. Por eso busca, en todo momento, su espacio de confort. Ese pequeño círculo que ya le conoce, le acepta cómo es, o le tolera
La fobia social puede llegar a ser bastante angustiosa, generando una ansiedad anticipatoria. Un estado de nerviosismo y alerta que aparece días antes de que se produzca el evento y, a veces, solo con el hecho de imaginar su posibilidad.
El asunto de las fobias es un tema serio. Al que no debemos restar importancia. Ante cualquiera de estos miedos, sobre todo si condiciona nuestra vida, es importante tratarlo.



