Tengo que cambiar de vida… y quizás el yoga puede ayudarme

Estoy completamente harto de que mi vida sea ir de la cama al ordenador y del ordenador a la cama. De verdad, lo odio, porque no hay nada que odie más que estar todo el día sentado o todo el día escribiendo en el ordenador. Soy escritor, soy dibujante y soy diseñador gráfico, y los tres trabajos que tengo me obligan a estar todo el tiempo en el ordenador, y no lo soporto.

Yo siempre he sido muy activo y apasionado del deporte, desde que soy pequeño (desde los 14 años, más o menos) he estado haciendo deporte de todo tipo (que si correr, que si nadar, que si pesas, que si correr por los escombros…) y ahora de adulto, por culpa de tener que pagar un alquiler, la luz, el agua, la gasolina, el coche, comer… me he tenido que obligar a hacer cosas que me den dinero, pero en las que, sinceramente, aunque me gusten, porque son mi hobby, no me satisfacen ni lo más mínimo.

Así que he decidido darle una vuelta total a mi vida de una vez, que creo que ya, con 36 años, ya va siendo hora. Ya no soporto estar todo el día en el ordenador, y se lo he explicado a mi mujer, y ella me ha dicho que por qué no me pongo a mirar en mi interior las cosas que me gustan de verdad y me planteo cambiar de trabajo y de vida.

Y eso es exactamente lo que he decidido hacer.

 

Sí, puedes odiar lo que te ha gustado siempre hacer

Os voy a hablar de dos casos: el caso de mi hermana pequeña y el caso de mi mujer. Mi hermana, como yo, es ilustradora, y le encantaría tener una tiendecita de cosas hechas por ella y con sus dibujos (como camisetas, tazas, cuadernos…). Mi mujer, por otra parte, es escritora, pero no de artículos en sí: ella escribe libros, novelas y todo lo que se le pase por la cabeza.

Por un lado, mi hermana está intentando vivir de lo que le gusta, y está rechazando todo aquello que le llega pero que no va a ningún lado. Ha recibido ofertas de empleo de hacer fotos en un parque de atracciones, como dependienta de una tienda de ropa y de otros complementos, incluso le han hablado de hacerse las oposiciones de Correos.

Y en todos aceptó… porque no tenía más remedio. Yo no sé si tú crees en Dios o no, pero yo sí que creo, y pienso que Dios está cortándole el paso a todos esos trabajos que, entre tú y yo, aunque le dieran dinero, no la harían feliz: en el de fotografía no la contrataron más de dos semanas, en el de dependienta directamente no la llamaron, y en el de Correos todo resultó ser una estafa. ¿Ves a lo que me quiero referir con el tema de Dios?

Mi mujer, en cambio, es la viva imagen de lo que es odiar lo que te gusta hacer, como yo y la ilustración. Ella lleva escribiendo toda su vida, desde los ocho años, y en la pandemia del COVID decidió poner anuncios para hacer libros a la gente, como escritora fantasma. No tenía ella mucha confianza en sí misma, pero desde el 2019 hasta el 2026 ha estado trabajando de eso, de escribirle libros a la gente.

Bueno, yo he visto cómo mi mujer ha pasado de la ilusión de hacerle un libro a una persona, a ODIAR escribir, y todo porque le dedica tanto tiempo a otras personas que no es capaz de centrarse en sus propios libros. Entonces, ya no es capaz de escribir lo que a ELLA le hace feliz… y me ha llegado a decir que va a dejar de hacerlo, porque ya no le gusta.

Cuando lo que haces, lo que te gusta, se convierte en obligación… algo no funciona.

 

Vivir pegado a una pantalla no era el plan que tenía para mi vida

Yo dibujo desde pequeñito. Al principio no sabía dibujar, pero mi padre me hizo una especie de “reto” y yo me empecé a esforzar todos los días hasta que supe dibujar. Yo no nací con un talento, lo mío fue cosa del esfuerzo… pero acabé amando dibujar y lo que sé hacer.

Y claro, cuando en la pandemia no había trabajo, tuve que, como mi mujer, aprender a sacarme las castañas del fuego de alguna forma: empecé también a escribir, como ella, a hacerle dibujos a otras personas, incluso me especialicé en el diseño gráfico, y todo eso porque era la mejor forma de trabajar sin salir de casa, que era lo que había: en el ordenador.

A mí siempre me ha encantado dibujar, pero ahora, con 36 años, me arrepiento de no tener otro trabajo que no sea estar en el ordenador todo el santo día. Necesito levantarme, separarme de la pantalla, mirar otras alternativas… ¡y vivir lejos de la tecnología, porque me está consumiendo la mente y la vida!

 

Mi cuerpo ha empezado a defenderse y a pedirme un cambio

¿Crees que lo único que me pasa es que estoy harto del ordenador? Yo antes solía tener migrañas, porque mi madre siempre las ha padecido. Pero antes tenía migraña una vez al mes o cada dos meses, ¡y ahora tengo dos o tres migrañas al mes! El número de migrañas que tengo ha aumentado tanto que ahora ya no solo tengo que convivir con ellas, sino que, además de padecerlas, tengo que seguir esforzándome en el ordenador todos los días, lo que lo empeora todavía más porque no puedo cogerlo. Al final, tengo que elegir entre darme de golpes contra la pared para calmarme la cabeza, o seguir escribiendo, porque tengo que comer.

Esos días que tengo mucho dolor de cabeza y tengo que escribir artículos… de verdad, no sabéis lo que es. Porque no puedo centrarme, no puedo seguir haciendo como si no pasase nada y dejar que mi salud siga empeorando. Así que, cuando mi mujer me dio la opción de cambiar de trabajo… pues empecé a pensar que quizás tenía toda la razón del mundo.

 

Empecé a mirar oficios más físicos, como jardinería y carpintería

Miré muchas opciones, me encantan muchas cosas relacionadas con la artesanía (imagino que por el tema de que soy ilustrador), así que miré cosas como jardinería o carpintería.

Una de las que me informé fue carpintería. Me encanta la madera, tallar, hacer cosas manuales… ¿no sería una buena idea para mí? Pues tuve que desecharla por una sencilla razón: tengo asma. Y sí, hoy hay máscaras especiales para no aspirar el polvo o el serrín, pero cada vez que pienso en coger una sierra o una lijadora y en estar en un ambiente por completo lleno de polvo… ya empiezo casi a toser sin darme cuenta. Así que he tenido que desecharlo.

Otra cosa que me he planteado, y esta con mucho más interés que la carpintería, es la jardinería, porque me encanta todo lo relacionado con la naturaleza, y deseo, más que nada en el mundo, cuidar de la naturaleza. Pero claro, aquí entra en juego una controversia moral que no me gusta nada: ¿y si me piden que tale un árbol? Me gustaría centrar mi trabajo en cuidar las plantas, sembrar, recolectar, arreglar los jardines… pero no soporto la idea de que me digan un día de talar un árbol y tener que hacerlo. Odiaría, no soportaría tener que hacerle daño a un árbol. Así que también he tenido que desecharlo.

 

Decidí tirar por algo más tranquilo pero que combinase deporte

Esto me hizo fijarme en otra de las cosas que más me gusta: el deporte. Pero estoy tan harto de ser tan exigente conmigo mismo y de hacerme daño a mí mismo que ya no quiero elegir algo que me haga daño, y hay deportes tan exigentes que ya no me los quiero ni plantear.

-Por ejemplo, el ciclismo de montaña, que es una cosa que me habría encantado (hacer de guía rural en bicicleta). Es una cosa en la que seguro que me lo habría pasado muy bien, pero el asma tampoco me habría permitido hacer deporte muy intenso y de gran resistencia sin hacerme la puñeta, así que no es una buena idea.

-Otro ejemplo es el crossfit. Estando en Madrid me metí en un curso pagado por la junta donde me darían el título de monitor de gimnasio. Yo fui, y me dieron clases de bicicleta estática, de hitt, de crossfit… y, a pesar de que estoy realmente fuerte, es una cosa que acabé comprendiendo que no podría hacer, porque me empezaba a quedar muy atrás en las clases y me dolía el pecho. Todo, claro, por el asma. ¿Qué se le va a hacer?, he nacido con ella.

Cuando lo descarté y mi mujer me vio triste, me dijo: ¿Y por qué no intentas un deporte que no sea de tan alta intensidad, como el yoga?

Y me hizo pensar…

 

Descubrí que el yoga puede ser más exigente de lo que parece

El yoga es de esas cosas en los gimnasios en los que nunca he entrado, porque los veo muy… ¿flojos? No sé cómo decirlo sin ofender a nadie. Yo soy más de pesas, de crosfitt y de darlo todo en la cinta de correr, ¿pero de yoga? Jamás me lo había planteado.

Pero mi mujer tenía razón, quizás necesitaba algo más tranquilo, así que empecé a mirar por ahí y vi que había academias y empresas especializadas que, tras unos cuantos meses de clases y demás, te daban la certificación oficial para poder impartir clases de yoga, tanto en gimnasios como por tu cuenta.

Antes de prejuzgar, y por no tirar la toalla, me puse a ver videos. Hubo uno que me sorprendió: era de un hombre que había sufrido un accidente y que había quedado sin poder caminar durante muchos años. Y él había tirado la toalla… pero empezó a hacer yoga y pilates desde cero. Ojalá pudieras ver el vídeo, en él se ve cómo ese hombre pasa de no poder ni levantarse solo… a salir corriendo al final del video con una musculatura enorme y totalmente recuperada.

Eso me llenó de orgullo, y me hizo pensar que, quizás, había malinterpretado el yoga. ¿Y si de verdad era un deporte que merecía la pena aprender…?

Me empecé a informar por ahí, y tras ver un montón de videos en el que el yoga empezaba a parecer más serio de lo que yo recordaba haber visto, empecé a pensar que de verdad era mucho más exigente de lo que yo había pensado. De hecho, desde la Escuela Mahashakti, que es una escuela de yoga y de retiros con las que me informé, me explicaron que el yoga, como desde fuera no se ve más que como un deporte donde poner posturas, la gente suele pensar que es una clase floja o que no sirve para nada. Pero estos profesionales me hicieron saber que requiere de mucha elasticidad y de control corporal y que, entonces, es gracias a eso que el cuerpo entero se endurece casi por completo a la vez, y no en músculos diferentes, como cuando haces pesas.

¿Era posible que, de verdad, estuviese escogiendo mi camino por fin…?

 

Cambiar de vida no significa tirar todo lo que ya tengo

Pues no te voy a negar que me llenó de ilusión tener en mente la opción de poder dedicarme a una cosa y dejar los ordenadores y las pantallas de una vez por todas, pero esta vez desde una forma sana conmigo mismo, y que me hiciese respetar una de las cosas que me gustan: el deporte, pero sin hacerme daño a mí mismo.

Encima, es una cosa que combina genial con mi día a día, porque le hecho de que me haya hecho instructor de yoga no quiere decir que tenga que dejar de dibujar. Al contrario, poder hacer un deporte y enseñar a otras personas a practicarlo me ha dado lo que quería: dejar las pantallas, y dibujar solo cuando quiero y cuando tengo inspiración, que es lo que el ordenador tantos años me ha estado quitando.

Ahora, aquí, haciendo un artículo, pero para intentar concienciarte para que hagas lo mismo, y mientras me preparo para ir a dar una clase, estoy seguro de que tomé una muy buena decisión: respetarme a mí mismo y a mi cuerpo… y alejarme de aquello que tanto me ha estado perjudicando. ¿Te atreves a hacer lo mismo?

 

Da el cambio

No le hagas caso a nada de lo que todos te digan. Todos te van a decir que es peligroso cambiar de trabajo, que tienes muchas deudas, mucho que pagar… que, si dejas tu trabajo, ese que odias, no vas a poder pagar nada… pero aquí estoy yo, dando clases de yoga y dibujando por amor, para demostrarte que te equivocas.

Y que tú también puedes hacer lo mismo.