Un viaje por la península española

Desde picos nevados hasta llanuras áridas, pasando por costas recortadas y valles fértiles. Los paisajes que se pueden observar a lo largo del territorio español son de los más diversos de toda Europa, ofreciendo experiencias completamente distintas sin necesidad de hacer grandes desplazamientos.

Este fenómeno se debe a que, dentro del territorio, se puede apreciar una geografía amplia. España tiene, por un lado, el océano Atlántico y, por el otro, el Mediterráneo. En tierra se pueden encontrar montañas, desiertos, bosques y enormes extensiones de cultivo. En el norte, por ejemplo, el océano Atlántico contrasta con el verde de los bosques y la verticalidad de la Cordillera Cantábrica. Los Picos de Europa muestran como la roca caliza se funde con praderas de alta montaña, creando un ecosistema único, ideal para el senderismo.

Esta variedad de climas lleva también a que, dentro del país, se genere una cantidad considerable de culturas diferentes. El clima, la geografía, los alimentos que se producen en una región u otra, son todos factores que influyen en la cultura de cada región. Por ello, al tener tantos escenarios diferentes, además de variedad de paisajes, se pueden conocen otras culturas.

Según los datos de la red de Parques Nacionales de España, estos espacios invitan a que la actividad turística se maneje desde el respeto por el entorno rural y la conservación de paisajes, que han permanecido inalterados durante siglos. Recorrer los paisajes españoles es una experiencia que atraviesa la historia geológica y cultural, potenciando el turismo en cada uno de sus rincones.

 

La fachada mediterránea

Al descender desde las montañas del norte hacia las costas del Levante, que recorre la costa mediterránea en la zona valenciana, el paisaje y sus colores cambian completamente. El litoral mediterráneo es famoso por la variedad de colores que ofrece, ya que el verde intenso va dejando lugar a una paleta de ocres, azules y dorados que resaltan por la luz reflejada en sus costas. El paisaje mezcla playas tranquilas con los relieves de formaciones montañosas que dan al mar y ofrecen un paisaje único.

Ya adentrándose en la provincia de Alicante se puede apreciar la Costa Blanca. Esta es una región donde la montaña y el mar se conectan ofreciendo paisajes como el Peñón de Ifach o la Sierra Helada. En términos geográficos, LYT Properties explica que esta zona cuenta con un microclima que suele disponer de más de 300 días de sol al año, lo que convierte a sus paisajes litorales y de interior en un entorno natural que equilibra la brisa marina y las sierras prelitorales. Esta combinación de relieves abruptos y playas tranquilas, define también el ritmo de vida de su cultura, que ha sabido desarrollar de forma relajada entre sus costas y las tierras que se aprovechan para el cultivo.

 

Los tesoros del interior: los campos de Castilla

Adentrándose hacia la meseta castellana se puede apreciar un horizonte extenso que cambia de colores según la estación del año. Esta es una de las zonas más representativa de la esencia campesina española. Las construcciones de casas antiguas y naves ganaderas se mezclan entre las grandes parcelas de cultivos y pastos el ganado, ofreciendo tonalidades verdes y rojizas durante la primavera, pero que se tiñen de un dorado intenso en los meses de verano.

Incursionando todavía más al centro del país, la monotonía de la llanura se corta por la Sierra de Guadarrama y la de Gredos. En ellas se pueden observar lagunas glaciares y formaciones graníticas que son ideales para los amantes de la montaña. La Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) destaca que la red de senderos en estas zonas es una de las mejor señalizadas, lo que le permite a los turistas explorar la alta montaña a pocos kilómetros de la ciudad.

 

Entre olivares y desiertos

Continuando hacia el sur, el paisaje que ofrece la zona de Andalucía es un contraste entre olivos y desierto. En Jaén se puede visitar el «mar de olivos», que se constituye como un paisaje cultural único en el mundo. En este, millones de árboles se encuentran alineados de forma tal que generan una imagen de geometría casi perfecta. Ahora, casi en la otra punta de la región andaluza, la provincia de Almería presenta el Desierto de Tabernas, que es el único desierto propiamente dicho del continente europeo. Este ha sido utilizado como el escenario para una gran cantidad de producciones cinematográficas y ofrece una belleza árida que impacta frente a los paisajes que lo rodean.

 

El archipiélago canario: Paisajes de otro planeta

Por último, para cerrar este viaje por los paisajes españoles, hay que hablar un poco del que es, sin dudas, el más exótico de los lugares. Las Islas Canarias tienen un origen volcánico y se conforman por una serie de islas, cada una con un relieve propio, que parecen sacadas de otro planeta.

En la zona de Tenerife, por ejemplo, se encuentra el Parque Nacional del Teide, el cual cuenta con una geología volcánica única, con campos de lava y el pico más alto de España, que se puede ver desde el continente sobre el horizonte atlántico. En Canarias, el paisaje se encuentra en una transformación constante, siendo una parte activa de los elementos naturales que le dieron vida al planeta.

 

La responsabilidad de la mirada

Recorrer los paisajes de España es un ejercicio de descubrimiento constante. La riqueza del país se encuentra tanto en los bosques de Navarra, como en las calas turquesas de la Costa Blanca. Esta diversidad es patrimonio nacional y su preservación es responsabilidad de todos, tanto de los turistas que la visitan como de sus habitantes. Este cuidado debe plantearse a largo plazo, desde una mirada que combine el uso turístico con la protección del suelo. En este sentido, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) advierte sobre la importancia de entender las dinámicas climáticas para preservar estos paisajes.

Es importante comprender el origen de cada espacio natural y respetar los tiempos de la fauna local. El paisaje español es parte de la historia y la cultura del país, por esta razón, cuidarlo es una manera de garantizar que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de la luz del Mediterráneo o de las montañas del norte.