Cómo vivir en una casa en obras y no morir en el intento

Todos entramos en pánico cuando escuchamos la palabra obras. De hecho, cuando tenemos un problema con las tuberías y tiene que venir un fontanero a casa, cruzamos los dedos para que se solucione sin necesidad de tirar abajo parte de la pared o incluso del suelo. Y es que es muy molesto vivir en una casa que está en obras: la vivienda se llena de polvo, supone tener inoperativa una estancia de la casa (si se trata de un dormitorio se puede poner solución, el mayor problema suele venir cuando no podemos contar con el baño o con la cocina) y, además, los ruidos que produce una obra suelen ser muy molestos, especialmente en una época en la que muchas personas siguen trabajando desde casa y lo niños pasan más tiempo en casa del habitual.

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido que vivir en una casa en obras. Y si ya de por sí es complicado mantener una rutina y que no reine el caos en el día a día, mejor no hablemos de cuando no sabes en qué momento se terminará la obra y podrás volver a contar con todas las estancias operativas. Y es que tan necesario es saber mantener la compostura como hacer una planificación minuciosa de todos los pasos a seguir.

Los consejos varían en función de qué estancia es la que se encuentra en obras. Aparentemente, el mal menor sería la reforma de una habitación, ya que la persona que duerme en ese cuarto se puede trasladar momentáneamente a otra habitación en la que quepa otra cama o, en su defecto, poner un colchón hinchable en el salón de casa o en cualquiera otro espacio de la casa. Más fácil todavía si se trata de un estudio o despacho, ya que valdría con trabajar desde otra habitación, aunque es probable que disminuya la capacidad de concentración o se generen interrupciones más a menudo.

Peor sería que las obras afecten al baño o a la cocina. En el caso de que la reforma se ubique en la cocina, todos pensamos en la lavadora. Hay diferentes opciones, como limpiar a mano si se trata de piezas pequeñas como ropa interior o camisetas, y también se puede acudir a la casa de algún familiar. Sin embargo, para no estar siempre molestando a amigos y familiares y para que eso no nos genere problemas a la hora de encontrar a alguien que pueda ayudarnos justo cuando lo necesitamos, la mejor opción es acudir a una lavandería de autoservicio. Y es que, como nos recuerdan desde LavaTur, este servicio siempre está a punto para su uso y, además, es económico. Otro de los beneficios es que las lavadoras tienen mucha capacidad, los detergentes que usan son delicados y cuentan con diferentes programas.

Pero otro de los problemas que nos podemos encontrar al no poder contar con la cocina es el de las comidas. A todos nos gusta de vez en cuando que nos cocinen y salir a comer a un restaurante, pero hacerlo cada día durante un periodo de tiempo que nunca sabes de cuánto va a ser no es económico ni saludable. Hay varias opciones para hacer frente a esta posibilidad, como preparar y congelar comida para tenerla lista y a golpe de microondas si se trata de reforma programada, acudir a casa de amigos o familiares a por comida o preparar comidas muy rápidas y que apenas requieran de cocción.

En cuanto al baño, es otra de esas estancias con las que no sabemos ni podemos vivir. Puede ser que, incluso, nos corten el agua y no podamos abrir el grifo para nada. Sea cual sea el caso, lo mejor es tener siempre botellas o garrafas de agua rellenadas para poder limpiarnos la cara, las manos o los dientes, así como tener a mano un balde en el que pueda caer el agua si no puede correr por las tuberías. Para las duchas y demás aseo hay varias opciones: utilizar las duchas del gimnasio (si tenemos una matrícula contratada y la mensualidad pagada), pedir a amigos o familiares que nos dejen utilizar los baños de sus casas e, incluso, pedir el favor a algún vecino, si tenemos buena relación con alguno de ellos.

Cosas a tener en cuenta

Antes de ponernos manos a la obra con una reforma, hay diferentes cuestiones que tienen que quedar claras y definidas. Hablamos del presupuesto, para controlar que te lo puedes permitir y que no van a surgir gastos inesperados a los que no se pueda hacer frente; tener en cuenta los años que tienen las instalaciones para saber si vale más la pena cambiar el sistema y no tenerlo que hacer más adelante; elegir a un equipo eficiente y en quienes puedas confiar; y pedir permiso a la comunidad o a tu casero, en caso de necesitarlo.

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