La vida rural, la vida más verde

Si algo nos ha descubierto la maldita pandemia es que la vida va demasiado deprisa. Que hay que tomarse las cosas con más calma y sobre todo que hay que pensar en verde. Y es que somos muchos los que pensamos que esta pandemia y este virus proceden de que la naturaleza nos da un toque de atención y nos dice “oye, hay que parar”. Y esto es lo que nos ha pasado a muchos, que hemos decidido volvernos al pueblo para hacer una vida rural más sana y verde.

Si algo nos ha descubierto la maldita pandemia es que la vida va demasiado deprisa. Que hay que tomarse las cosas con más calma y sobre todo que hay que pensar en verde. Y es que somos muchos los que pensamos que esta pandemia y este virus proceden de que la naturaleza nos da un toque de atención y nos dice “oye, hay que parar”. Y esto es lo que nos ha pasado a muchos, que hemos decidido volvernos al pueblo para hacer una vida rural más sana y verde.

Decía la canción que la vida pirata es la vida mejor, pues yo lo cambio. Y no tengo duda de que la vida rural es la vida mejor. Desde hace dos años que me he venido al pueblo, y si quieréis os puedo contar en que ha consistido esta vuelta a mis orígenes. En concreto mi vuelta a un pequeño pueblo de Ávila llamado Bonilla de la Sierra situado en el valle del Corneja y que pertenece al partido judicial de Piedrahíta. Se trata del pueblo de mi abuela, donde teníamos una casa repartida entre los nietos, mis hermanos, pero que desde hace años no íbamos.

Por mi trabajo, realizo campañas de marketing on line me he permitido lo de poder hacer teletrabajo, y aunque es cierto que Internet es uno de los problemas que padece el mundo rural, en esta zona llega bien la cobertura con la compañía que trabajo. La verdad es que es una gozada levantarte por la mañana y poder ver la naturaleza en estado puro. Ver, y escuchar.

Volviendo a mi casa, la verdad es que he tenido suerte de que la casa estaba en buenas condiciones por dentro. Como es lógico, el paso del tiempo y la falta de uso había dejado problemas en el tejado. Así que tuve que llamar a una empresa para que hicieran una reforma. Aunque lo bueno es que, como me recomendaron desde Cubiertas Estévez, la forma del tejado de la casa de mi abuela permitía hacer algo muy útil. Y es que, estos espacios, que tradicionalmente se dedicaban a trasteros o desvanes, se convierten ahora en habitaciones o estudios. En mi caso me sirvió para hacer una especie de despacho donde trabajo. Y todo esto con vistas a la sierra.

La reducción de desplazamientos al trabajo, al colegio y otras gestiones permiten disponer de mayor cantidad de tiempo para hacer otras actividades que repercutan de manera positiva en la comunidad, en el medio ambiente y en nuestra salud física y mental. Aún recuerdo los viajes en metro en la ciudad, el estar pendiente del reloj, el estrés y la condena de unos horarios…Ahora he logrado cambiar el estrés y la vorágine de la vida en la ciudad por otro escenario que me ha permitido reconectarme física y mentalmente. Y por supuesto no puede dejarme en el tintero el cambio de alimentación, con productos más orgánicos y de cercanía. Y es que ahora me siento mucho más sano. Sabiendo que estoy comiendo alimentos que son producidos directamente en el campo y que luego pasan a mi mesa. Una alimentación más sana y más económica, y sabiendo que todos los beneficios van para el agricultor o ganadero de la zona.

Sus fiestas

Por último, este pueblo vive su momento más mágico en Semana Santa. Concretamente el Jueves Santo a las doce de la noche y el Viernes Santo a las doce del mediodía, cuando se realiza la Procesión de los Negros. Son tres penitentes vestidos con túnica y capucha negra que salen de la iglesia. Recorren el pueblo uno tras otro a una distancia de unos cien pasos y tocan diferentes instrumentos a un ritmo repetitivo: el primero lleva una campana, el segundo un tambor y el tercero un instrumento de viento. Hay pocos asistentes a la procesión y la gente la contempla con el recogimiento necesario. La verdad es que es uno de esos momentos cuando te pones a pensar lo deprisa que pasa la vida y que tienes que disfrutar del silencio. Lejos de la contaminación acústica que tanto daño nos hace en las ciudades.

Ante esto, tengo claro que la vida rural es la vida más verde. O lo que es lo mismo, englobar todo lo que significa abandonar el ruido, la rutina, el estrés y tomar la salida a la tranquilidad. Seguro que tú también quieres apostar por este tipo de vida. ¿Verdad? Al menos la pandemia me ha dejado alguno bueno.

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