El mundo del arte y la psicología entrecruzan sus caminos para ofrecer una forma de terapia que ayuda a relajarse, expresarse y recuperar la salud mental. Cada vez es más habitual encontrar este tipo de actividades terapéuticas impartidas con la finalidad de que los participantes en ellas encuentren un momento de paz. En la frenética esfera de la vida contemporánea en la que vivimos, es fácil encontrarse atrapado en un torbellino de emociones negativas, responsabilidades y la demanda constante, haciendo que el mero hecho de relajarse se convierta en todo un arte. Dentro de esta agitación diaria, los momentos de tranquilidad y desconexión se convierten en momentos tan raros y difíciles de encontrar como preciosos y preciados.
Para la mayoría, el compañero indeseado que no abandona es el estrés, encargado de desgastar sin pausa nuestra salud mental, afectando al mismo tiempo al bienestar físico. Dentro de este maremágnum, existe un remanso de paz al que todos podemos llegar: el arte. El aliado inesperado y perfecto para obtener la necesaria calma que predispone a la paz.
Un universo en el que los colores, las texturas y las formas se entrelazan para crear una vía de escape del caos de la vida diaria. La pintura se convierte en algo más que un acto de creación y se transforma en una poderosa herramienta terapéutica. A través de los pinceles se encuentra una vía que lleva a calmar la mente, sosegar el alma y reencontrarse con la propia esencia, más serena. Se trata de una invitación a sumergirse en un mundo en el que el estrés se diluye entre acuarelas, óleos y trazos de colores, siendo cada uno de ellos un paso hacia la calma interior.
Se considera la arteterapia como un enfoque terapéutico holístico en el que se utiliza el poder de la creación artística como medio de expresión y autoconocimiento, abriendo la puerta a otros canales de comunicación: sensoriales, perceptivos, corporales y simbólicos.
Pintar y meditar es posible
Para aquellos que se sienten estresados, es decir, para la inmensa mayoría, es momento de entrar en Artespray, especializado en materiales para manualidades y pintura, y hacerse con un set de iniciación o pinturas profesionales, según proceda, para empezar con la meditación a través de la pintura. A simple vista puede resultar contradictorio. Pintura y meditación pueden parecer dos mundos aparte, equidistantes y con poco que ver. Si nos acercamos y miramos de cerca, podemos encontrar similitudes de lo más sorprendente. Al sumergirse en un proceso creativo, las personas entran en un estado de concentración profundo que es comparable al que se adquiere durante la meditación. Este estado de flujo, como lo definen los psicólogos, es ese momento mágico en el que la persona se sumerge por completo en la actividad que está realizando, olvidando el paso del tiempo y las preocupaciones del día a día.
Al pintar, la mente no tiene más remedio que centrarse y enfocarse en el aquí y ahora. El color que hay que utilizar a continuación, la mezcla de las sombras para reflejar la puesta de sol o cómo rellenar los huecos son decisiones que mantienen la mente anclada en ese momento presente. Lo que convierte la pintura en una práctica muy similar al mindfulness, en la que se enseña la importancia que tiene vivir en el momento presente. Con el añadido de la repetición de los movimientos del pincel sobre el lienzo, que tiene un efecto hipnótico que hace que disminuya de forma notable la actividad que se realiza en el cerebro y se asocia a la rumiación, esa tendencia que tenemos a sobrepensar y preocuparnos por las situaciones ya pasadas o las que están por venir.
El arte de pintar proporciona a quienes practican la pintura un refugio seguro para la autoexpresión. Un entorno libre de juicios en el que cada trazo se convierte en una extensión de los pensamientos y emociones de quien los realiza, creando un espacio de vulnerabilidad y honestidad sin igual. Dentro de este ambiente tan relajado y libre de prejuicios, se fomenta la introspección meditativa en la que es posible desarrollar un diálogo interior a través del arte.
Todos sabemos que el arte ha sido, es y será un reflejo de las emociones humanas, un lenguaje universal que va más allá de las palabras y que todo el mundo puede comprender con solo ver. En las terapias artísticas se ve la pintura como espejo del alma. Un espejo en el que cada color, cada línea o trazo, expresa algo que, en muchas ocasiones, ni siquiera sabemos que sentimos. La pintura proporciona una suerte de catarsis, un medio de lo más conveniente a la hora de explorar y liberar las emociones reprimidas o desconocidas. Esta acción puede ser especialmente liberadora para quienes luchan constantemente por poder expresar sus sentimientos con palabras.
En las clases de arteterapia, se anima a los asistentes a dejarse llevar por sus emociones, haciendo la elección de los colores y las formas que reflejen su estado de ánimo actual. Este proceso de pintar lo que se siente se puede convertir en un proceso sorprendentemente liberador para quien lo practica. Quienes se dedican a ello han comprobado en primera línea cómo la ansiedad se convierte en pinceladas frenéticas, la tristeza en tonos sombríos y la alegría en colores de lo más vibrantes y vivos. Al finalizar cada sesión, los asistentes se encuentran descubriendo aspectos personales que no habían percibido antes, lo que facilita el proceso de autoconocimiento y sanación emocional necesario.
Cerebro y mano conectados
Pintar implica una estrecha relación entre cerebro y mano. Esta conexión se convierte en un diálogo constante, ya que, al pintar, se explora más que en una actividad física. Dentro de ese diálogo, la mano ejecuta lo que la mente visualiza, lo que da como resultado la creación de una estrecha interacción entre el pensamiento y la acción. Según los estudios neurocientíficos llevados a cabo, el acto de pintar no involucra únicamente las habilidades motoras finas, sino que estimula al mismo tiempo aquellas áreas del cerebro que se relacionan con la creatividad y la capacidad de resolución de problemas.
En cada sesión de arteterapia, sí guían las manos de los asistentes en el aprendizaje de las técnicas de pintura, pero más allá de ese aprendizaje, ayudan a que las personas abran un canal de comunicación entre su pensamiento y su acción. Este proceso supone una mejora en la coordinación, la concentración y, de forma sorprendente, puede influir en gran medida a la hora de resolver problemas y generar ideas creativas a aplicar en la vida cotidiana. Según se van desarrollando habilidades artísticas, se entrena al cerebro para que piense y actúe de forma nueva y más creativa.
Para los principiantes y aquellos que nunca han cogido un pincel, pero sienten curiosidad por explorar esta forma de terapia, proporcionamos algunos consejos que pueden resultar de utilidad:
- Elegir un entorno adecuado para pintar. La pintura requiere un espacio en el que te sientas cómodo y libre de interrupciones.
- Material básico. Un set de pinceles, pinturas acrílicas y un lienzo o papel de calidad.
- Experimentar con colores y texturas, sin limitarse. Probar diferentes técnicas, mezclar colores y explorar texturas. No hay errores en el arte, tan solo aprendizaje.
- Participar en clases o talleres puede proporcionar una estructura inicial y la oportunidad de aprender de otros.
- Practica regularmente y dedica tiempo a pintar.
- Disfrutar del proceso es un acto de amor propio, una forma de cuidarse y de explorarse.
La pintura es más que un acto de creatividad convertido en un vehículo para el bienestar emocional y mental. A través de lienzos y pinceles es posible trazar un camino que conduzca a la calma, la introspección y la alegría. Cada gota de pintura, cada trazo en el lienzo, es un paso hacia la tranquilidad personal y centrarse en uno mismo.
Tras esta revelación, llevar este aprendizaje con uno mismo, permitiendo que la magia que emana del arte fluya en la vida cotidiana, es la mejor manera de honrar lo que la pintura hace por ti. No se trata de una mera actividad que se realiza en un estudio; se convierte en una mentalidad, una manera de ver y procesar el mundo, al integrar la creatividad en la rutina. De tal manera que se transforma la forma de enfrentarse a los desafíos y al estrés cotidiano. No se trata de convertirse en un artista consumado; se trata de encontrar ese espacio seguro en donde poder expresarse y disponer de una herramienta poderosa a la hora de manejar y expresar las emociones. Con el importante añadido de disfrutar del proceso.
No importa el nivel de experiencia o la habilidad pictórica de la que se disponga; abrir el corazón al arte es posible en cualquier situación. Tan solo hay que coger el pincel, enfrentarse al lienzo en blanco y permitirse experimentar la transformación que se produce al conectarse uno mismo con su creatividad.
Poco se puede añadir al respecto; se trata de una experiencia que todo el mundo debería permitirse probar y experimentar. El resultado es tan inesperado como sorprenderte. El arte y la pintura en particular son el mejor medio para expresar las emociones.



